viernes, 2 de diciembre de 2011

LA SELECCIÓN DE ACTIVOS ES IMPORTANTE… PERO NO TANTO

¡¡¡ Eureka !!!. – dijo nuestro amigo poco-prudente Antonio. He analizado del derecho y del revés la cuenta de resultados de la empresa “Que-te-cagas” y es la bomba. Se ve que va a elevar el beneficio de forma sostenida un 20% durante los próximos 20 años… Además he realizado el análisis de la güija y me sale que hay una confluencia astral, una bandera, unos martillos y no-sé-qué-figuras-más que auguran un tramo de subida de por lo menos 4 años… Y encima en la radio un “experto” ha dicho que es la “gran tapada”…

Tengo que poner muchos huevos en este valor porque es una apuesta segura – dijo con suma convicción nuestro amigo Antonio.

Y nuestro amigo Antonio así lo hizo y puso su liquidez a “trabajar” en la empresa “Que-te-cagas”… y con ello perdió el norte de sus decisiones previas y sin haberlo valorado suficientemente sobre-ponderó la renta variable de su cartera exponiéndose a los mercado más allá de lo que su perfil de riesgo aconsejaba.

¿Quién no ha caído en esta trampa?. Llamémosle avaricia, codicia ó falta de prudencia. Llamémosle si lo prefiere “orgullo intelectual”. Un afán de querer confirmar que vemos más allá que el común de los mortales, que necesita retroalimentación poniendo dinero en la maravillosa empresa que sólo nosotros hemos sido capaces de detectar.

¿Qué ocurre si luego la empresa “Que-te-cagas” resulta un bluf?. ¿Qué ocurre si en lugar de “la gran tapada” resulta “la gran cagada” (aún recuerdo un artículo en un famoso periódico de Internet alabando el gran potencial de La Seda de Barcelona un par de meses antes del escándalo por la falsificación de cuentas, de ser imputados medio consejo de administración y de la suspensión de su cotización durante meses).

Bien, pues en ese desagradable escenario nuestro amigo Antonio se llevará dos revolcones:


o   El primero y más evidente económico: perderá más dinero del que puede aguantar por no haber sido prudente…
o   El segundo revolcón, más complejo, es intelectual: porque su “ego” se verá mancillado y tenderá a echar las culpas a “los especuladores”, a los hedge fund, a los políticos, a los analistas de las radios…. cualquier cosa menos reconocer que su análisis era erróneo.

Por ello insisto en la idea: el orden es fundamental. Primero determinemos nuestro riesgo máximo permitido, de ahí debemos inferir nuestra ecuación de asignación de activos, después y dependiendo de la cantidad económica que podamos dotar a cada tipo de activo elijamos el modelo de diversificación (fondos o X valores mínimos) y sólo por último elijamos qué valores seleccionamos.


¿Cómo de importante es el orden?

Cada paso que demos de esta lista es más importante que el posterior. Si nuestro amigo Antonio está convencido de que la empresa “Que-te-cagas” es la bomba, lo que debe hacer es vender una de las acciones que ya tiene invertidas en renta variable y comprar por dicho importe “Que-te-cagas”. Ni un duro más. No debe perder el norte y diversificar menos de lo razonablemente expuesto en anteriores entradas. Y no debe perder el norte y dedicar más de lo seleccionado a la renta variable…. Porque lo previsible es que antes o después su falta de prudencia le pase factura.


Un poco de psicología.

Imagínese que nos vamos a la calle con una hoja con la tabla siguiente y pedimos al azar a la gente que ponga una “x” según consideren que son ellos en relación a los demás:

Menos inteligente que la mayoría
Un poco menos inteligente que los demás
Igual de inteligente que los demás
Algo más inteligente que los demás
Más inteligente que la mayoría







Estoy absolutamente convencido que el promedio de respuestas estaría sesgado hacia la derecha; es decir, mucho más cerca de las respuestas “Algo más inteligente que los demás” que de la “Igual de inteligente que los demás”.

Es decir que en promedio, la gente se considera más inteligente que la media. Lo cual es imposible. Y si esto lo hiciésemos a inversores estoy convencido de que el sesgo sería aún mayor.

Por el mismo motivo, no sé qué nos ocurre a los seres humanos pero todos los que analizamos valores de vez en cuando creemos que hemos descubierto el Mediterráneo. Pensamos que todos los demás están equivocados y que no han reconocido el gran potencial de una empresa que sólo nosotros reconocemos… Pensamos que Warren Buffet es un ignorante que no invierte en la empresa “Que-te-cagas” porque tiene enroscada su boina americana y no vé más allá de lo que pasa en Omaha… Pensamos que los múltiples analistas de fondos son esclavos de sus prejuicios y que nosotros lo hacemos mejor… Pensamos que Francisco García Paramés ha tenido suerte en la vida y que nosotros en realidad dedicando 2 ó 3 horas semanales al análisis de empresas podemos descubrir lo que él no ve durante sus años de analista…

Y quizás ahora leyendo estas provocadoras líneas pensemos que a nosotros esto no nos pasa. Pero a veces nos pasa. Y cuando eso nos pase corremos el riesgo de alterar el orden de las decisiones. En ese momento y casi sin pensarlo tomaremos uno de estos dos caminos: podemos respetar el orden en el método o no respetarlo. Y el hacerlo o no hacerlo es algo muy relevante:

o   Si lo respetamos lo único que pasará es que cambiaremos una acción por otra y acertaremos o no en la selección de ese nuevo activo, pero seguiremos teniendo una cartera adecuada a nuestro perfil de riesgo y convenientemente diversificada.

o   Pero si NO lo hacemos caeremos víctima de nuestra propia codicia (o de nuestro propio orgullo intelectual, si eso nos suena mejor) y eso no es prudente. Igual sale bien (ojalá) pero usted no será un inversor prudente, será un inversor arriesgado y puede salir escaldado. Es más, le diría que si le sale bien repetirá su comportamiento (el éxito se retroalimenta), posiblemente arriesgando más aún y que tendrá todas las papeletas para salir escaldado antes o después.


Por tanto mi primera entrada sobre selección de activos (y esta es la entrada más importante de esta serie), es precisamente para afirmar que esto de la selección de activos no es lo más importante. Que lo importante es hacer las cosas en su orden y respetar siempre las decisiones de los pasos anteriores.

Finalizo por hoy aprovechando para recordar el orden de los pasos:

1.- Determina tu “masa inversora”. Es decir,  en base a tus ingresos y necesidades próximas calcula cuánto dinero de tus ahorros necesitas apartar para tus necesidades más inmediatas (uno año vista). Lo que le quede es la cantidad de dinero que vas a invertir, lo que denominaremos tu “masa inversora”.

2.- Establece tu “riesgo máximo permitido” en euros. Es decir, establece en euros cual es la cantidad máxima de dinero que puedes perder de tu masa inversora. Esta debería ser una cantidad de la cual pudieses prescindir en un plazo de 5 años.

3.- Calcula la cantidad a invertir en renta variable. Para ello multiplica por dos el “riesgo máximo permitido” en euros. La cantidad resultante será, expresado en % sobre la “masa inversora”, la proporción de activos asignada a “renta variable”.

4.- Calcula la cantidad a invertir en renta fija / depósitos. Será la cantidad de dinero que te sobre de la “masa inversora” tras restar lo que  se ha asignado a “renta variable”. La cantidad resultante será, expresado en % sobre la “masa inversora”, la proporción de activos asignada a “renta fija”.

5.- Memorice la “ecuación de asignación de activos” como su piedra angular de inversión. Esa ecuación es la proporción que ha establecido antes entre su renta fija y su renta variable; es decir, la cantidad de su “masa inversora” que ha repartido entre renta fija y variable.

6.- Compense desequilibrios en la “ecuación de asignación de activos”. Esos desequilibrios podrán llegar por dos vías: cambios en la valoración de las carteras por el paso del tiempo ó entrada de nuevos ahorros.

7.- Seleccione los valores en los que va a invertir sus activos de renta fija. Para ello tenga muy en cuenta el momento económico del entorno (en especial la evolución previsible de los tipos de interés), el capital disponible y plazo en que pueda necesitar su inversión.

8.- Seleccione los valores en los que va a invertir sus activos de renta variable. Para ello tenga muy en cuenta una correcta diversificación de su cartera de inversión y el capital disponible.

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