miércoles, 31 de agosto de 2011

ANÁLISIS DEL IBEX III - CIERRE

Me temo que voy incumplir tres cosas de golpe:

1.- Prometí una entrada más o menos semanal y me he pasado un agosto sin escribir una coma y disfrutando de unas merecidas vacaciones.

2.- Había pensado continuar con la explicación de los pasos 4 a 6 y voy a incumplirlo dedicando un artículo más a los pasos 1 a 3.

3.- Había prometido no escribir sobre la actuación de los mercados en el día a día y hoy lo voy a incumplir porque hay ocasiones que no se pueden dejar pasar y esta es una de ellas.

Observemos lo ocurrido en los últimos meses con el comportamiento del Ibex35:

El Ibex amaneció el año en niveles de 9888 puntos, pegó una fuerte subida en un mes y se mantuvo rondando los niveles de los 11.000 puntos hasta abril, esto es una subida de más del 11%, que no está nada mal.

Pero desde mayo fue cayendo lentamente hasta entrar en terreno ligeramente negativo en el saldo anual del 2011. Luego realizó un ligero rally alcista hasta marcar el 22 de julio los 10.059 puntos.

Y desde el 22 de julio hasta el 10 de agosto encadenó una serie de caídas prácticamente ininterrumpidas hasta cerrar en 7966 puntos. Una caída del 21% en 13 sesiones de infarto que además había sido precedida de otra caída del entorno del 8% en los dos meses previos.

El inversor promedio por tanto ha sufrido un lento goteo de dos meses con caídas del 8% en su cartera de renta variable y a continuación un rejón de castigo del 21% en dos semanas de los que tumban al común de los mortales.
Aquel que no haya previsto su riesgo seguro que, como mínimo no habrá disfrutado de su agosto y muy posiblemente haya claudicado durante las caídas vendiendo con pérdidas sustanciales, posiblemente en lo peor de las caídas.

Un pensamiento común en el que muchos se podrán ver reflejados es el de aquel que dice “como el mercado lleva dos meses de goteo bajista, a esto le toca ya subir”, invierte y le llega la debacle en forma de caída del 21%...

El inversor previsor que haya considerado su riesgo habrá podido dormir como mínimo más tranquilo.

Pongamos un ejemplo: alguien con 200.000 € ha decidido analizando su situación de ingresos y gastos que su “riesgo máximo permitido” son 50.000€ y siguiendo este método invierte 100.000€ en renta variable y los otros 100.0000€ en renta fija/depósitos. Vamos a suponer que a este inversor le llega también la debacle de las 13 sesiones bajistas encadenando las pérdidas del 21%. Vamos a suponer también que su cartera de renta variable lo hace igual de mal que el mercado perdiendo dicho 21%. Por último vamos a suponer también que en su renta fija / depósitos no pierde ni gana nada (lo lógico sería que ganase algo y compensase pérdidas de la parte de renta variable).

Pues bien en este caso, los 100.000€ de renta variable se habrían reducido a 79.000€ y los 100.000€ de renta fija / depósitos se mantendrían. Así las cosas su capital se habría reducido de los 200.000€ iniciales hasta los 179.000€ actuales, una pérdida de 21.000€ (aún lejano a su riesgo máximo permitido) que supone un -10,5%. Más llevadero, ¿no?.

¿Y que pasará a partir de ahora?. No lo sé. De momento el Ibex ha recuperado terreno y hoy está rondando los 8.700 puntos. Una subida del 9% desde mínimos que se habrá perdido aquel al que le hayan echado del mercado.

¿Qué habría pasado con el inversor previsor de nuestro ejemplo?. Pues que su capital habrá engordado hasta los 186.110 €, quedando por tanto sus pérdidas totales reducidas a 13.890 €, o lo que es lo mismo un 7%. Mucho más llevadero, ¿no?

¿Se va a seguir recuperando el mercado?. Ni idea. Igual se mantiene la recuperación o igual vuelve a caer un 20% adicional. Lo que si es seguro es que el que no considere su riesgo puede verse expulsado del mercado y esto de la bolsa es un juego de largo plazo en el que lo más importante es que no te maten por el camino. En cambio el que considere su riesgo y actúe coherentemente difícilmente sufrirá una pérdida permanente irreparable y posiblemente disfrute de un buen retorno de su inversión.


Concluyendo con la regla de oro:

Calcula de forma realista en base a tus ingresos y gastos cual es tu “riesgo máximo permitido” y nunca jamás pongas en renta variable más allá del doble de dicha cantidad.

La próxima será más pronto que tarde. Hasta entonces,

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